lunes, 7 de septiembre de 2015

El sistema escolar finlandés, uno de los mejores del mundo, dejará de enseñar materias


Gobierno finlandés se propuso un objetivo: hacer de la educación pública la base de la recuperación y el desarrollo económicos. Con el tiempo, gracias a la constancia y la seriedad con que se acometió el desafío, los estudiantes del país comenzaron a destacar en pruebas internacionales en casi todas las disciplinas, ocupando los primeros sitios en pruebas científicas, de comprensión de lectura y de matemáticas, con lo cual el modelo educativo finlandés se ganó el honroso título de ser uno de los mejores del mundo.
Ahora Finlandia podría volver a encabezar una revolución pedagógica, pues en el país se analiza modificar diametralmente la manera de enseñar para abandonar el viejo modelo de las materias e implementar una forma de aprender basada en “fenómenos”. Así, por ejemplo, en vez de estudiar, por separado Historia, Geografía o Lenguas, los estudiantes finlandeses de 16 años de edad aprenden el fenómeno “Unión Europea”.
El cambio, sin duda, es notable. Por un lado, involucra un tránsito de la fragmentación y la especialización al pensamiento complejo y multidisciplinario (una faceta prevista hacia finales del siglo XX por el sociólogo francés Edgar Morin). Asimismo, da a la enseñanza una razón inmediata y no solo trascendental, pues de esta manera se vuelve evidente el porqué de los conocimientos que se enseñan a los alumnos.
El modelo, sin embargo, no es del todo loable, pues también está animado por cierto afán pragmático y hasta utilitarista. Según declaró Pasi Silander, administrador en el gobierno local de Helsinki, uno de los propósitos es formar personas para la vida laboral, lo cual implica enfocarse en ciertos conocimientos en detrimento de otros. La suposición, un tanto siniestra, es que un cajero de banco no tiene necesidad de saber quién fue Shakespeare o cómo se reproducen los organismos unicelulares, y aunque para algunos esto puede sonar lógico (en esa lógica tan propia del capitalismo), al menos el cajero debería tener la oportunidad de elegir si quiere o no saber quién fue Shakespeare.
Sea como fuere, esta nueva forma de enseñar ya está en operación, y quizá sólo con el tiempo será posible conocer sus virtudes y sus defectos.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Contaminantes hormonales


¿Qué son los contaminantes hormonales?
El sistema hormonal o endocrino es un complejo sistema de comunicaciones que actúa conjuntamente con el sistema nervioso e inmunitario y se encarga, entre otras funciones, de la estabilidad interna del organismo; regular el crecimiento, el desarrollo y la reproducción; y, de producir, utilizar y almacenar energía.
Como vemos, regula funciones vitales del organismo, incluyendo el desarrollo embrionario. Está formado por glándulas (que secretan las hormonas), hormonas (sustancias químicas que actúan como mensajeros) y receptores hormonales (que se activan con las hormonas). Las hormonas viajan en el flujo sanguíneo hasta células de los diferentes órganos que contienen proteínas especializadas llamadas receptoras, que reconoce esa hormona y se une a ella. La hormona cambia el estado del receptor de “inactivo” a “activo”, lo que posibilita que se una al ADN celular y active o reprima la expresión de los genes cercanos.Cada glándula endocrina secreta solo una cantidad muy determinada y muy pequeña de una hormona, en un momento concreto, circulando por la sangre cantidades muy pequeñas, ya que las hormonas son muy eficaces y producen su efecto a concentraciones muy bajas (picogramos o nanogramos /ml de sangre). Esto es a concentraciones de 0,00000000001 0,00000001 gr/gr, o ppb. La cantidad de las distintas hormonas presente en la sangre es diferente en cada persona y varía con la edad, sexo, momento del ciclo reproductor o estado de salud en que se encuentre. Cada persona presenta su propio estado de equilibrio hormonal.
artículo completo

jueves, 27 de agosto de 2015

DIENTE DE LEON



 Resultado de imagen de diente de leon
¿Quién no lo conoce? Pero ¿sabias qué es un súper alimento? Ahora es el mejor tiempo, antes que florezca en primavera, para recoger sus tiernas hojas. De repente lo tienes en tu jardín y lo estás botando como hierba mala.

Primero veamos sus componentes activos:
-          hidratos de carbono: inulina, helenina, arabinosa, levulina, sacarosa, mucilagos
-          vitaminas: del grupo B (especialmente ácido fólico), C, colina, alto contenido de betacarotenos en las hojas (supera a las zanahorias)
-          minerales: alto contenido de potasio (4,5% en hojas)
-          alcaloides: taxarina
-          principios amargos: taraxecina y taraxacerina
-          ácidos: cafeto, cloregénico, asparagínico, linoleico, linolénico, oleico
-          flavonoides: luteolina

Uso de las hojas:
Las hojas tiernas sin flor se recolectan en primavera. Se comen crudas en ensaladas y tienen un sabor más bien amargo. Combinan  bien con papa cocida en rodajas, huevo cocido o trozos de tocino frito. Se adereza con aceite prensado en frío y vinagre de manzana con sal y pimienta.

Propiedades medicinales:
-          hepático: muy buen estimulante de la función hepática y biliar, útil en los casos en que se presente hepatitis o cirrosis. Por sus propiedades depurativas y hepatoprotectivas, puede utilizarse para depurar la sangre de toxinas y proteger el hígado de una posible degeneración causada por intoxicación alimentaría o intoxicación química (decocción de 100g de raíces en un litro y medio de agua. Tomar tres tazas al día.)
-          diurético: es una de las plantas que más estimula la producción de orina. Contiene altas dosis de sales de potasio lo que lo convierte en un diurético fuerte. Por eso es muy adecuado de casos en que hay que eliminar tanto agua (retención de líquidos, edemas) como toxinas (obesidad).
-          colesterol: ideal para aquellos que necesitan eliminar residuos y toxinas de la sangre – colesterol, ácido úrico, diabetes, urticaria, mala circulación, reuma, …, y favorecer la expulsión de las piedras del riñón.
-          aperitiva: sus principios amargos estimulan las funciones de los órganos digestivos
-          anemia: siendo la planta que contiene en sus hojas más hierro, puede ser utilizada para aumentar los niveles de hierro en el cuerpo. También colabora contra anemia aportando altas dosis de ácido fólico, una vitamina necesaria, junto con el hierro, para fabricar células sanguíneas.
-          estreñimiento: es un laxante suave debido a su contenido en fibra y a sus principios medicinales que estimulan los movimientos de los intestinos
-          problemas de visión: por su contenido en helenina y en vitamina A, estimula la captación de luz, siendo interesante en el tratamiento de la ceguera nocturna, cataratas y glaucoma

domingo, 23 de agosto de 2015

La domesticación y el sueño del planeta

por Miguel Ruiz
extraido de Los Cuatro Acuerdos
-
Lo que ves y escuchas ahora mismo no es más que un sueño. En este mismo momento estás soñando.

Sueñas con el cerebro despierto.
Soñar es la función principal de la mente, y la mente sueña veinticuatro horas al día. Sueña cuando el cerebro está despierto y también cuando está dormido. La diferencia estriba en que, cuando el cerebro está despierto, hay un marco material que nos hace percibir las cosas de una forma lineal. Cuando dormimos no tenemos ese marco, y el sueño tiende a cambiar constantemente.
Los seres humanos soñamos todo el tiempo. Antes de que naciésemos, aquellos que nos precedieron crearon un enorme sueño externo que llamaremos el sueño de la sociedad o el sueño del planeta. El sueño del planeta es el sueño colectivo hecho de miles de millones de sueños más pequeños, de sueños personales que, unidos, crean un sueño de una familia, un sueño de una comunidad, un sueño de una ciudad, un sueño de un país, y finalmente, un sueño de toda la humanidad. El sueño del planeta incluye todas las reglas de la sociedad, sus creencias, sus leyes, sus religiones, sus diferentes culturas y maneras de ser, sus gobiernos, sus escuelas, sus acontecimientos sociales y sus celebraciones. Nacemos con la capacidad de aprender a soñar, y los seres humanos que nos preceden nos enseñan a soñar de la forma en que lo hace la sociedad. El sueño externo tiene tantas reglas que, cuando nace un niño, captamos su atención para introducir estas reglas en su mente. El sueño externo utiliza a mamá y papá, la escuela y la religión para enseñarnos a soñar. La atención es la capacidad que tenemos de discernir y centrarnos en aquello que queremos percibir. Percibimos millones de cosas simultáneamente, pero utilizamos nuestra atención para retener en el primer plano de nuestra mente lo que nos interesa. Los adultos que nos rodeaban captaron nuestra atención y, por medio de la repetición, introdujeron información en nuestra mente. Así es como aprendimos todo lo que sabemos. Utilizando nuestra atención aprendimos una realidad completa, un sueño completo. Aprendimos cómo comportarnos en sociedad: qué creer y qué no creer; qué es aceptable y qué no lo es; qué es bueno y qué es malo; qué es bello y qué es feo; qué es correcto y qué es incorrecto. Ya estaba todo allí: todo el conocimiento, todos los conceptos y todas las reglas sobre la manera de comportarse en el mundo. Cuando íbamos al colegio, nos sentábamos en una silla pequeña y prestábamos atención a lo que el maestro nos enseñaba. Cuando Íbamos a la iglesia, prestábamos atención a lo que el sacerdote o el pastor nos decía. La misma dinámica funcionaba con mamá y papá, y con nuestros hermanos y hermanas. Todos intentaban captar nuestra atención. También aprendimos a captar la atención de otros seres humanos y desarrollamos una necesidad de atención que siempre acaba siendo muy competitiva. Los niños compiten por la atención de sus padres, sus profesores, sus amigos: «¡Mírame! ¡Mira lo que hago! ¡Eh, que estoy aquí!». La necesidad de atención se vuelve muy fuerte y continúa en la edad adulta. El sueño externo capta nuestra atención y nos enseña qué creer, empezando por la lengua que hablamos. El lenguaje es el código que utilizamos los seres humanos para comprendernos y comunicarnos. Cada letra, cada palabra de cada lengua, es un acuerdo. Llamamos a esto una página de un libro; la palabra página es un acuerdo que comprendemos. Una vez entendemos el código, nuestra atención queda atrapada y la energía se transfiere de una persona a otra. Tú no escogiste tu lengua, ni tu religión ni tus valores morales: ya estaban ahí antes de que nacieras. Nunca tuvimos la oportunidad de elegir qué creer y qué no creer. Nunca escogimos ni el más insignificante de estos acuerdos. Ni siquiera elegimos nuestro propio nombre. De niños no tuvimos la oportunidad de escoger nuestras creencias, pero estuvimos de acuerdo con la información que otros seres humanos nos transmitieron del sueño del planeta. La única forma de almacenar información es por acuerdo. El sueño externo capta nuestra atención, pero si no estamos de acuerdo, no almacenaremos esa información. Tan pronto como estamos de acuerdo con algo, nos lo creemos, y a eso lo llamamos «fe». Tener fe es creer incondicionalmente. Así es como aprendimos cuando éramos niños. Los niños creen todo lo que dicen los adultos. Estábamos de acuerdo con ellos, y nuestra fe era tan fuerte, que el sistema de creencias que se nos había transmitido controlaba totalmente el sueño de nuestra vida. No escogimos estas creencias, y aunque quizá nos rebelamos contra ellas, no éramos lo bastante fuertes para que nuestra rebelión triunfase. El resultado es que nos rendimos a las creencias mediante nuestro acuerdo. Llamo a este proceso «la domesticación de los seres humanos». A través de esta domesticación aprendemos a vivir y a soñar. En la domesticación humana, la información del sueño externo se transfiere al sueño interno y crea todo nuestro sistema de creencias. En primer lugar, al niño se le enseña el nombre de las cosas: mamá, papá, leche, botella... Día a día, en casa, en la escuela, en la iglesia y desde la televisión, 05 nos dicen cómo hemos de vivir, qué tipo de comportamiento es aceptable. El sueño extremo nos enseña cómo ser seres humanos. Tenemos todo un concepto de lo que es una «mujer» y de lo que es un «hombre». Y también aprendemos a juzgar: Nos juzgamos a nosotros mismos, juzgamos a otras personas, juzgamos a nuestros vecinos... Domesticamos a los niños de la misma manera en que domesticamos a un perro, un gato o cualquier otro animal. Para enseñar a un perro, lo castigamos y lo recompensamos. Adiestramos a nuestros niños, a quienes tanto queremos, de la misma forma en que adiestramos a cualquier animal doméstico: con un sistema de premios y castigos. Nos decían: «Eres un niño bueno», o: «Eres una niña buena», cuando hacíamos lo que mamá y papá querían que hiciéramos. Cuando no lo hacíamos, éramos «una niña mala» o «un niño malo». Cuando no acatábamos las reglas, nos castigaban; cuando las cumplíamos, nos premiaban. Nos castigaban y nos premiaban muchas veces al día. Pronto empezamos a tener miedo de ser castigados y también de no recibir la recompensa, es decir, la atención de nuestros padres o de otras personas como hermanos, profesores y amigos. Con el tiempo desarrollamos la necesidad de captar la atención de los demás para conseguir nuestra recompensa. Cuando recibíamos el premio nos sentíamos bien, y por ello, continuamos haciendo lo que los demás querían que hiciéramos. Debido a ese miedo a ser castigados y a no recibir la recompensa, empezamos a fingir que éramos lo que no éramos, con el único fin de complacer a los demás, de ser lo bastante buenos para otras personas. Empezamos a actuar para intentar complacer a mamá y a papá, a los profesores y a la iglesia. Fingimos ser lo que no éramos porque nos daba miedo que nos rechazaran. El miedo a ser rechazados se convirtió en el miedo a no ser lo bastante buenos. Al final, acabamos siendo alguien que no éramos. Nos convertimos en una copia de las creencias de mamá, las creencias de papá, las creencias de la sociedad y las creencias de la religión. En el proceso de domesticación, perdimos todas nuestras tendencias naturales. Y cuando fuimos lo bastante mayores para que nuestra mente lo comprendiera, aprendimos a decir que no.

...continúa leyendo...

viernes, 21 de agosto de 2015

El potente ámbito financiero

por Jüri Lina
extráido de Arquitectos del engaño

Prestar dinero con interés fue condenado por los antiguos filósofos como Platón, Plutarco, Séneca y Cicerón. El dinero para ellos era algo muerto; una cosa muerta no te permite crecer. Aristóteles escribió en su obra "Política" (Libro Primero, parte X): "La ganancia más odiada y con mayor razón, es la usura, que obtiene un beneficio del dinero en sí y no de su objeto natural. El dinero estaba destinado a ser utilizado en el intercambio, pero no para aumentar a base de interés... Porqué de todas las maneras de conseguir una gran cantidad ésta es la más antinatural". Hasta finales de la Edad Media a los cristianos les estaba prohibido cobrar intereses. Cobrar intereses de un préstamo era el equivalente al asesinato y al robo. Más tarde, los que cobraban intereses eran tratados como herejes. Martin Luther dijo claramente: "¡Todos los usureros son ladrones y pertenecen a la horca!" Todos los que prestaban dinero a una tasa de interés del 5 o el 6 por ciento eran considerados unos falsarios. Durante la edad media sólo los judíos estaban autorizados a prestar dinero con interés. El Deuteronomio prohíbe a un judío cobrar interés a su hermano. Pero el goy (no judío) no era su hermano. Y para los judíos extremistas el saqueo no era desconocido. Para garantizar el normal desarrollo económico el rey de Babilonia capturaba a los ladrones de Israel que saqueaban y robaban a las caravanas en el desierto. Estos ladrones de caravanas vivían del trabajo y el esfuerzo de los demás. El filósofo esotérico sueco Henry T. Laurency resume el giro de los acontecimientos de la siguiente manera en su gran obra "La piedra filosofal" ("De vises sten", Skovde, 1.995, p. 249): "Los judíos eran una incivilizada tribu de pastores que en cierta medida vivían de los robos. Tenían un Dios tribal Jahwe que anhelaba sacrificios de sangre y vigilaba celosamente que otros dioses no recibieran ningún sacrificio. El exilio babilónico fue el primer contacto de los Israelitas con una filosofía más sensata y con cultura... a través de los datos históricos adquiridos y en parte a través de sus propias tradiciones orales se construyó una historia de los judíos. Los escritos de los profetas constituían sus propias revisiones de lo que habían estado sintiendo en cautividad." En la antigua Babilonia la tasa de interés legal era de un 30 por ciento en dinero y un 50 por ciento en grano. En Asiria no había ningún límite máximo para la tasa de interés. Los agricultores a menudo estaban tan profundamente endeudados que morían de hambre junto con sus familias. Esto llevó a la explotación despiadada del suelo. En la ciudad de Uruk en Babilonia vivían dos hermanos que prestaban dinero con interés. Cuando el prestatario ya no podría pagar su préstamo, perdía la casa y tenía que empezar a trabajar de forma gratuita para los hermanos. El esclavo podía ser prestado también a otros empresarios. Este es un ejemplo clásico de esclavitud económica. Hace casi 3.700 años el gobernante de Babilonia, Hammurabi (1.848-1805 a C), que era descendiente de la dinastía Amorita, prohibía a través de sus actos legales (que contienen 93 párrafos ) el cobro de interés sobre intereses, lo que significaba que el prestatario, además de los activos que le habían prestado, tenía que devolver la misma cantidad de bienes o dinero. Quien rompía la norma era severamente castigado, aunque muy pocos la respetaban. Los 282 Códigos de Hammurabi escritos en Acadiano se encontraron en 1.901 en las excavaciones de Susa en el antiguo Elam (el actual Irán). Hammurabi entendía que el interés sobre el interés comportaría una terrible carga económica que la gente no sería capaz de soportar. Por eso creía que era necesario castigar severamente la usura. La tasa de interés máxima permitida se estableció en un 20 por ciento. El comercio y la economía en general mejoró inmediatamente, aunque era difícil cumplir con la ley. Los Israelitas disfrutaban de la práctica de la usura y comenzaron a explotarla con entusiasmo. El Profeta Muhammad exigía que la usura fuera prohibida. Recomendó que el prestamista actuara como un inversor que quiere recibir parte de los beneficios. Si no hay ningún beneficio uno debe estar satisfecho con perder el dinero. El 133 a C el tribuno romano Tiberius Gracchus intentó reducir el poder de los cambistas a través de leyes más estrictas contra la usura limitando la propiedad de la tierra legal a un iugerum por familia. Fue asesinado el mismo año. El 48 a C Julio César privó a los cambistas del derecho de acuñar moneda y lo hizo él mismo. Con una mayor oferta de dinero fue capaz de levantar muchos edificios públicos. La gente de la calle adoraba a César por su contribución a que ganaran más dinero. Tras el asesinato de César, fue el final de la abundancia de dinero. La oferta monetaria se redujo un 90 por ciento. Los impuestos se pusieron por las nubes. Como resultado de ello la mayoría de la gente perdió sus tierras y sus hogares. La calumnia de César continúa todavía hoy. Jacques Attali, el historiador judío, académico y francmasón, que escribió el libro "Los judíos, el mundo y el dinero" (París, 2.001) declaró en la revista L'Express que los judíos habían inventado el capitalismo. Attali destacó: "Mi conclusión es que los judíos tienen toda la razón de estar orgullosos de esta parte de su historia". Los judíos masónicos, por lo tanto, querían adquirir tanta riqueza como les fuera posible para servir a sus demonios durante los siglos XIX y XX. Attali explica de la siguiente manera que los judíos se hicieran tan ricos: "Fue un desarrollo natural. Dentro del Islam hay el mismo tabú contra el préstamo y el interés como con los cristianos. Los judíos se encontraban entre los pocos que sabían leer y escribir. Consecuentemente eran los únicos capaces de organizar las operaciones de crédito que el comercio necesitaba en ese tiempo. Además los educados empresarios judíos eran la única red internacional de prestadores de dinero, comerciantes y cambistas." Durante los primeros trescientos años d C los judíos fueron las únicas personas en Europa que tenían derecho a prestar dinero. Attali tuvo que falsear la historia para que encajara con su tesis. Había mucha gente educada y altamente sofisticada que no tenía ninguna intención de hacerse rico mediante la usura. ¿Los judíos también deben estar orgullosos de que sus extremistas desarrollaran el capitalismo de estado - el comunismo, que ha recogido increíblemente tantas víctimas? El reformador religioso judío Johann Calvin (nacido Cauin, 1.509-1.564) de Suiza permitió el interés y el francmasón Enrique VIII de Inglaterra redujo las leyes contra la usura. Los cambistas una vez más eran capaces de afirmarse. La iglesia católica no cedió a la presión sobre los intereses hasta 1.745. El economista irlandés Margrit Kennedy señaló que un préstamo al 1 por ciento se duplica en 70 años. Un préstamo al 3% acumula el doble de interés en tan sólo 24 años. Un préstamo al 6% los dobla en 12 años y al 12% el importe se duplica en sólo seis años. Si alguien hubiera prestado un centavo e 1 d C y le hubiera cargado un 4 por ciento de intereses, en 1.750 podría haber comprado tanto oro como pesa toda la tierra. (Al cinco por ciento de interés le habría sido posible ya en el año 1.403.) En 1.990, hubiera podido comprar 12.246 pepitas de oro del tamaño de la tierra. Estos ejemplos extremos muestran como el interés perjudica locamente la economía de cada país.

...continúa leyendo